Hay autores que llegan a través de un libro y otros que llegan primero mediante una conversación, un correo o unas páginas compartidas con generosidad. Así conocí la escritura de Smith Ruzbel Munaylla Molina, quien me hizo llegar varios de sus poemas con el deseo sencillo y hermoso de que fueran leídos.
Lo primero que encontré fue una pluma excelente, muy personal y sin miedo a detenerse en aquello que despierta curiosidad. Smith no escribe desde la distancia: pregunta, observa, insiste, vuelve sobre una imagen y la hace crecer hasta convertirla en emoción. Su poesía tiene una energía directa que busca provocar una reacción en quien está al otro lado del texto.
Hay versos que no quieren explicar una emoción: quieren rodearla, interrogarla y descubrir qué guarda en su interior.
Una voz que llega desde Perú
En el mensaje con el que me compartió su trabajo, Smith me envió cinco de sus poemas más representativos. Ese gesto también dice mucho de la escritura: detrás de cada texto hay alguien dispuesto a entregar una parte de sí mismo, esperar una lectura y aceptar que cada lector encontrará un significado diferente.
Sus poemas se mueven entre la observación íntima, el deseo, la soledad y las preguntas sobre aquello que nos atrae, nos desconcierta o nos deja pensando. Hay una búsqueda de imágenes intensas y una forma de escribir que no teme acercarse a lo corporal ni a lo emocional.
Comparto uno de sus poemas: «Qué traes contigo»
De los textos que Smith me envió, quise compartir «Qué traes contigo», un poema construido a partir de preguntas. El hablante poético observa, se sorprende, intenta comprender el magnetismo de una presencia y convierte esa curiosidad en una sucesión de imágenes de pasión, deseo y asombro.
Me gusta especialmente que el poema no se apresura a dar respuestas. La repetición de «¿Qué traes?» funciona como un hilo conductor: cuanto más pregunta la voz, más evidente se vuelve que aquello que intenta comprender no puede reducirse a una sola explicación.
¿Por qué recomiendo leer a Smith?
Porque su escritura tiene personalidad. Se percibe una voz que busca su propio ritmo y que utiliza la poesía como un espacio para decir aquello que quizá sería difícil expresar de otra manera. No intenta esconder la intensidad; al contrario, la convierte en materia poética.
También valoro la disposición de Smith para compartir sus textos y abrirlos a nuevas lecturas. La literatura crece justamente así: cuando una persona escribe, otra se detiene a leer y, durante unos minutos, dos mundos que estaban separados se encuentran en una misma página.
Este espacio queda como una invitación a seguir conociendo su trabajo y a recordar que detrás de cada poema existe una voz, una historia y alguien que decidió confiar sus palabras a los lectores.