Valentina Tobón obtiene el cuarto lugar en el Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro”
Hay noticias que llegan como una confirmación silenciosa: una manera de recordarnos que cada palabra escrita con sinceridad puede encontrar su propio camino.
20 de abril de 2025·Por Valentina Tobón Tobón·ti_nadreams
Un reconocimiento que honra la literatura, la memoria y el vínculo con la tierra.
Hay noticias que llegan como una confirmación silenciosa: una manera de recordarnos que cada palabra escrita con sinceridad puede encontrar su propio camino. Hoy comparto con profunda gratitud uno de esos momentos que permanecen en la memoria: la obtención del cuarto lugar en el Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro”, un reconocimiento dedicado a honrar la literatura, la identidad campesina y la memoria de nuestros territorios.
El certamen, realizado como homenaje a Pedro Medina Avendaño, reunió a escritores y poetas de diferentes lugares de Colombia alrededor de una misma sensibilidad: la tierra como origen, sustento, herencia y espacio de resistencia.
Para mí, participar en este concurso fue mucho más que enviar una serie de poemas. Fue una oportunidad para regresar, a través de la escritura, a esas historias que nacen entre montañas, cultivos, manos trabajadoras y jornadas que comienzan antes de que aparezca el sol.
“Cada poema puede convertirse en una semilla. Y nunca sabemos en qué corazón encontrará tierra para florecer.”
Tres poemas nacidos de la tierra
Mi participación en el Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro” estuvo conformada por tres poemas:
El legado de la tierra
El sudor no llega a la mesa
La tierra canta en vos, José
Cada uno nació desde una mirada diferente, pero todos comparten una misma raíz: el reconocimiento de quienes trabajan la tierra y sostienen, muchas veces desde el anonimato, una parte esencial de nuestra vida colectiva.
El legado de la tierra
Este poema habla de aquello que recibimos de quienes estuvieron antes que nosotros. No se trata únicamente de una parcela, una casa o una tradición familiar. El verdadero legado también está formado por las costumbres, las palabras, las semillas, las enseñanzas y la manera de relacionarnos con el territorio.
La tierra guarda historias. En sus caminos permanecen las huellas de quienes sembraron, esperaron las lluvias, resistieron las temporadas difíciles y aprendieron a reconocer el lenguaje del clima.
Escribir “El legado de la tierra” fue acercarme a esa memoria que no siempre aparece en los libros, pero que continúa viva en las familias, en los pueblos y en los relatos compartidos alrededor de una mesa.
El sudor no llega a la mesa
Este poema nació de una realidad que resulta dolorosa: muchas de las personas que producen los alimentos no reciben una compensación justa por su trabajo.
Detrás de cada producto que llega a nuestros hogares existen madrugadas, cansancio, incertidumbre y manos que han dedicado horas enteras a sembrar, cuidar y cosechar. Sin embargo, ese esfuerzo no siempre se refleja en las condiciones de vida de los campesinos.
“El sudor no llega a la mesa” busca reconocer esa distancia entre el esfuerzo realizado y la recompensa recibida. Es una mirada poética, pero también social, hacia quienes alimentan al país y merecen ser valorados con dignidad.
La poesía no siempre tiene que ofrecer respuestas. En ocasiones, su labor consiste en formular las preguntas que muchas veces evitamos escuchar.
La tierra canta en vos, José
En “La tierra canta en vos, José”, el territorio deja de ser únicamente un paisaje y se convierte en una presencia viva. La tierra habla por medio del campesino, de su memoria, de sus movimientos y de la manera en que reconoce cada cambio del entorno.
José representa muchas voces. Es el nombre de quienes han construido su vida alrededor del campo, de quienes conocen el tiempo de la cosecha y comprenden que sembrar también significa confiar.
Este poema es un homenaje a esas personas que llevan el territorio en sus manos, en su forma de hablar y en su manera de comprender la existencia.
Tabla de ganadores del concurso, donde Valentina Tobón Tobón obtuvo el cuarto lugar con tres poemas inspirados en la tierra y la memoria.
Un cuarto lugar que representa mucho más
Obtener el cuarto lugar en un concurso nacional de poesía es un reconocimiento que recibo con alegría, humildad y gratitud.
En ocasiones, los números parecen establecer una jerarquía definitiva: primer lugar, segundo, tercero o cuarto. Pero detrás de cada posición existe un recorrido que no puede medirse únicamente mediante una clasificación.
Este cuarto lugar representa las horas dedicadas a escribir, corregir y volver a leer. Representa las dudas que acompañan cualquier proceso creativo y la decisión de continuar incluso cuando no sabemos hasta dónde llegará un texto.
También representa la posibilidad de que mis palabras hayan encontrado un espacio entre las voces de otros autores colombianos. Saber que los poemas fueron leídos, considerados y reconocidos convierte este logro en una experiencia profundamente significativa.
El premio económico de $200.000 acompañó este reconocimiento, pero el verdadero valor estuvo en formar parte de un certamen que celebró la poesía inspirada en la tierra, la identidad y la memoria cultural.
La poesía como forma de preservar el territorio
La literatura puede convertirse en una manera de conservar aquello que el tiempo amenaza con borrar.
Cuando escribimos sobre el campo, no estamos hablando solamente de paisajes verdes o imágenes tradicionales. Estamos hablando de personas, comunidades, conocimientos heredados, problemáticas sociales y formas de vida que merecen ser escuchadas.
La poesía permite mirar el territorio desde la sensibilidad. Puede nombrar lo que duele, celebrar lo que permanece y proteger, por medio de la memoria, aquello que no queremos perder.
En estos tres poemas quise acercarme al mundo rural sin idealizarlo. Quise reconocer su belleza, pero también sus dificultades. Hablar de la riqueza de la tierra implica hablar de quienes la trabajan y de las condiciones en las que realizan esa labor.
Un homenaje a Pedro Medina Avendaño
El Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro” se realizó como homenaje a Pedro Medina Avendaño, y esta característica hizo que el reconocimiento adquiriera un significado especial.
Los homenajes literarios permiten que la obra y el legado de los autores continúen dialogando con nuevas generaciones. Un escritor permanece no solamente por los textos que deja, sino también por las preguntas, inquietudes y caminos que inspira en otros.
Participar en un certamen dedicado a la memoria de un autor es también formar parte de una conversación que atraviesa el tiempo. Cada poeta aporta su voz, pero lo hace dentro de una tradición cultural que se sigue construyendo colectivamente.
Una publicación de gratitud para celebrar el cuarto lugar en el concurso nacional.La imagen del reconocimiento comparte el espíritu de una poesía que mira hacia la tierra y el territorio.El certamen reunió voces de distintas regiones del país alrededor de la memoria campesina y la identidad territorial.
Compartir este logro desde ti_nadreams
Como Valentina Tobón Tobón, escritora, poeta, ingeniera financiera y creadora del proyecto ti_nadreams, he aprendido que cada reconocimiento forma parte de un camino más amplio.
Escribir no consiste únicamente en publicar o recibir premios. También significa aceptar la vulnerabilidad de compartir aquello que nació en un espacio íntimo. Un poema deja de pertenecernos completamente cuando llega a sus lectores. A partir de ese momento, puede despertar recuerdos, preguntas y emociones que nunca imaginamos mientras lo escribíamos.
Desde ti_nadreams, continúo trabajando para compartir literatura, visibilizar autores, promover encuentros culturales y demostrar que la poesía sigue teniendo un lugar necesario en nuestra sociedad.
Este cuarto lugar me anima a continuar escribiendo sobre Colombia, sus territorios, sus historias y las personas que hacen posible la vida cotidiana desde espacios que no siempre reciben suficiente reconocimiento.
Gratitud por quienes acompañan el camino
Gracias a la organización del Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro” por abrir un espacio para la creación literaria y por permitir que diferentes voces pudieran encontrarse alrededor de la poesía.
También agradezco a quienes han leído mis textos, compartido mis publicaciones y acompañado mi proceso como escritora. Cada mensaje, cada conversación y cada persona que se detiene unos minutos frente a uno de mis poemas forman parte de este recorrido.
Los logros literarios nunca son completamente individuales. Detrás de una obra existen lecturas, aprendizajes, recuerdos, vínculos y personas que nos animan a continuar.
La tierra también escribe
Quizás la tierra siempre ha estado escribiendo.
Lo hace en las líneas de las manos campesinas, en las raíces que buscan agua, en los caminos atravesados durante generaciones y en las semillas que guardan la promesa de una nueva cosecha.
Los poetas solamente intentamos escucharla.
Este cuarto lugar en el Concurso Nacional de Poesía “Cómbita de Oro” me recuerda que vale la pena seguir prestando atención a esas voces. Vale la pena escribir sobre lo que somos, sobre aquello que heredamos y sobre las realidades que necesitan ser nombradas.
Hoy celebro este reconocimiento con gratitud, pero también con el compromiso de continuar escribiendo.
Porque cada poema puede convertirse en una semilla.
Y nunca sabemos en qué corazón encontrará tierra para florecer.
Seguir sembrando palabras
Este reconocimiento también es una invitación a continuar escribiendo desde la memoria, el territorio y la sensibilidad.
Si quieres seguir leyendo mis reflexiones, conocer mis libros o acompañar mis proyectos literarios, puedes explorar el resto de mi universo creativo.